Años después, y ya talludito, puedo sacar algunas conclusiones sobre la desgraciada vida de Super Coco. Lo primero a destacar es la paciencia… porque la niña es una “redicha”, una borde y una imbécil de cuidado.

Y aunque Super Coco no es un nóbel lo cierto es que su torpeza se justifica por los traumatismos craneoencefálicos ocasionados por los aterrizajes. Por cierto, en contra de lo que se pueda pensar, un yelmo de 5 Kg no es la mejor manera de equilibrarse en vuelo.

Así se despide “el defensor de los niños y los conejitos”. Si esto lo dice Super Coco en alto en medio de alguna calle de Madrid lo rajan de arriba a abajo.

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